La Formación Profesional en Europa.

Finlandia y Alemania, dos modelos diferentes.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) analiza periódicamente los itinerarios de Formación Profesional de diferentes países del mundo. La conclusión es que todos los sistemas se enfrentan a retos importantes y a posibles mejoras.

Los modelos de Finlandia y Alemania pueden ser referentes en muchos aspectos.

Finlandia
Ocupa habitualmente uno de los primeros puestos del Informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). Su tasa de finalización de estudios supera la media de la OCDE y muestran una total flexibilidad entre formación universitaria y profesional.

Para los estudiantes que no desean seguir el bachillerato, la formación profesional básica les ofrece una gran cantidad de alternativas escolares y especialidades para elegir, tanto en institutos como en centros de trabajo, mediante un contrato de aprendizaje.

Para los estudios superiores existen las universidades y las escuelas superiores profesionales. Estas últimas se caracterizan por su estrecha vinculación con el ámbito laboral, y se diferencian de las universidades en que son municipales o privadas en lugar de estatales.

El requisito de ingreso es el bachillerato o un título de formación profesional básica. El estado subvenciona el 57% de sus gastos.

Alemania
La mayor parte de los jóvenes alemanes cursan al finalizar su etapa escolar una de las 350 carreras de formación profesional homologadas dentro del sistema de FP Dual, que combina la capacitación teórica con la formación directa en centros de trabajo.

La parte práctica la adquieren durante tres o cuatro días a la semana en la empresa, mientras que la parte teórica la reciben en la escuela profesional a la que asisten uno o dos días a la semana. El programa completo de capacitación se extiende entre dos y tres años y medio.

La oferta formativa de las empresas se complementa con estudios de formación profesional supra-empresariales y cualificaciones adicionales. El sistema es financiado en parte por las empresas, que pagan una remuneración a los aprendices, y por el Estado, que cubre los gastos de las escuelas profesionales.