Enseñando a quienes más lo necesitan.

Maestro y voluntario de Cruz Roja.

Algunos llevan la enseñanza y la educación en los genes. Una de estas personas es Daniel Riera, que durante 41 años fue maestro, director e inspector de educación.

Una vez jubilado, se apuntó como voluntario de Cruz Roja para dedicar parte de su tiempo a enseñar español, valenciano y otras materias, a personas que forman parte de uno de los colectivos más vulnerables, los migrantes y refugiados, con discapacidad o que retoman los estudios.

Él mismo, en una entrevista, cuenta sus orígenes alicantinos humildes, hijo de jornaleros del campo, y cómo salió adelante gracias a un maestro que le hizo amar la enseñanza, y al cuál reconoce que le estará agradecido toda su vida.

Sus alumnos actuales han llegado en patera, huyendo de la guerra o sin papeles. Son personas que desde la dificultad de su situación se aferran a la educación. Algunos de ellos se le encuentran tiempo después y le agradecen las clases de español que les permitieron valerse por sí mismos y en muchos casos, formar una familia.

Reconoce que aprende mucho más de lo que enseña, al vivir en primera persona el compromiso de sus alumnos, la autodisciplina que mantienen en situaciones muy difíciles, la solidaridad y empatía que desarrollan, independientemente de dónde vengan, del color de su piel o de su religión.

Para él, el valor que las personas mayores aportan al voluntariado, es la experiencia acumulada de toda una vida y el haber pasado por muchos problemas personales y profesionales. Él lo define como “ser expertos en vivir”.

Con su trabajo reivindica el papel fundamental de los mayores en la sociedad moderna.

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