Entrenando la capacidad de concentración.

Ejercicios para ayudar a los alumnos a aumentar su capacidad de concentración.

“Cuando concentras cualquier forma de energía, incluida la energía mental, adquieres poder.”  Stephan Bodian.

La concentración es vital para que el proceso de aprendizaje suceda de manera adecuada y exitosa para el alumno. Se trata de una capacidad que hay que entrenar y practicar de forma frecuente por lo que merece la pena hacer un hueco en nuestra práctica docente diaria y dedicarnos a ella ya que es de vital importancia y los alumnos podrán aplicarla no sólo en el ámbito académico, sino también a nivel social, emocional y en sus relaciones profesionales  futuras. Sin embargo y a pesar de su importancia, pocas veces se practica en el aula, de forma consciente y planificada esta habilidad.

 Como prueba, reflexionemos sobre estas dos cuestiones: ¿cuánto creemos que nuestro es alumnos pueden aguantar concentrados en la lectura de un texto o libro sin perder la concentración o abstraerse en sus propios pensamientos?

¿Con qué frecuencia te das cuenta de que un alto número de alumnos no está siguiendo el tono y ritmo de la clase por falta de concentración? Hablamos con cierta asiduidad de la falta de atención sostenida del alumnado pero ¿hacemos algo para que ésto mejore?

Dos conceptos:

  • Concentración externa la que se relaciona con la realidad externa.
  • Concentración interna la que se basa en los pensamientos, sentimientos y experiencias.

Hay ejercicios mentales y físicos que entrenan en mejorar la capacidad de concentración, ejercicios que además resultan altamente motivantes incluso divertidos para los alumnos y que pueden ser introducidos como una rutina en nuestra práctica docente. Las técnicas en las que la música juega un importante ayudan a los alumnos a ser más creativos y fomentan la comunicación interpersonal.

 Con estas actividades se pretende mejorar la capacidad de concentración de los alumnos y que esto incida de forma positiva en su rendimiento académico. El objetivo de estas prácticas es muy claro, enseñar a los alumnos a mantenerse frescos durante las explicaciones, a estar concentrados en el trabajo de clase y lo que es más importante a ser capaces de no perder la concertación incluso cuando las distracciones estén rodeándonos.

Ejemplo de actividades:

  • Di tu nombre en silencio, con los ojos cerrados una otra vez durante 2 minutos.
  • Mira fijamente a un compañero o compañera durante 5 minutos.
  • Colorear dibujos o plantillas durante 15 minutos.
  • Pasarse un globo a golpes suaves con un compañero o compañera día te 3 minutos.
  • Comerse un caramelo sin morderlo hasta que se termine.

Estas rutinas se hacen siguiendo varios pasos, primero y absolutamente concentrados en ellas, se realizan las actividades (por ejemplo las descritas arriba), en el tiempo de la actividad los alumnos deben estar pensando en la actividad en sí y en lo que ésta les hace sentir. Esta parte es importante porque luego tendrán que describir lo vivido en 75 palabras o más, variaciones pueden ser hacerlo en forma de cómic o historieta. Por último deberán compartir la experiencia de forma oral y debatir sobre ello con los compañeros y profesor. Al describir sus experiencias durante las actividades, los alumnos deben centrarse en describir lo que les sucedió, si perdiero la concentración y por qué fue, qué hicieron para recuperarla.

La concentración es básica para el proceso de aprendizaje.

Incluye este tipo de actividades y ayuda a que tus alumnos se den cuenta de ello y que lo hagan a través de sus propias sensaciones y experiencias.

Un buen profesor conseguirá la atención de sus alumnnos en el momento de su clase, esto no es del todo complicado de conseguir, estamos acostumbrados a trabajar sobre ello.

 Ahora bien, lo que suceda con su concentración y cómo sean capaces de gestionarla una vez fuera del aula ya es otra cuestión. Se trata de que la concentración de nuestros alumnos no dependa en exclusiva del dinamismo y estrategias pedagógicas del profesor que tengan delante.